¿Quieres darle un giro diferente a tus juegos de caricias BDSM? Las ruedas Wartenberg despiertan la piel como nunca con una combinación de cosquilleos y pequeños pinchazos.
¿Quieres darle un giro dife...
Os presentamos una pequeña rueda dentada que os va a dar más alegrías que la ruleta de la fortuna, y…
Originariamente la rueda de Wartenberg se diseñó con fines médicos para comprobar los reflejos nerviosos o sensibilidad ante los estímulos.…
La rueda de Wartenberg es un pequeño invento médico que se escapó de la consulta para meterse en la cama. Hoy en día es uno de los juguetes eróticos favoritos para quienes disfrutan de la estimulación sensorial, las cosquillas que erizan la piel y esa deliciosa mezcla entre placer y tensión.
La rueda de Wartenberg nació como una herramienta médica para probar la sensibilidad nerviosa en pacientes, pero como suele pasar en el mundo kinky, alguien descubrió que podía ser mucho más divertida para el sexo.
Una rueda Wartenberg suele estar fabricada en acero inoxidable. Tiene un mango largo y ergonómico, para que tengas un buen control mientras juegas, y un cabezal con pinchos.
La rueda está cubierta de pequeñas puntas metálicas que giran sobre la piel. Dependiendo del modelo, los pinchos pueden ser más finos o más gruesos.
Ninguna. Son el mismo juguete con dos nombres distintos. “Wartenberg” viene del médico que lo inventó, mientras que “pinwheel” es la forma más internacional y sexy de llamarlo.
No todas las ruedas pinwheels son iguales, y esa es precisamente la gracia, cada tipo ofrece sensaciones distintas y se adapta a diferentes niveles de experiencia y juego.
La rueda Wartenberg es un juguete BDSM increíblemente versátil dentro del juego erótico. Su función principal es la estimulación sensorial, basta con pasarla lentamente por la piel para que cada uno de esos pequeños pinchos despierte terminaciones nerviosas y provoque un cosquilleo que eriza el vello y hace que el cuerpo se estremezca de placer.
Combinada con esposas BDSM, vendas en los ojos o un látigo BDSM, se convierte en un instrumento de control. La persona que recibe las caricias nunca sabe qué viene después, si un roce suave, un pinchazo más intenso o incluso una pausa que genera todavía más tensión.
La exploración de las zonas erógenas es otro de sus encantos. Puedes deslizar la rueda por el cuello, la espalda, los muslos o acercarte a lugares más íntimos para aumentar el calor del momento. Cada recorrido es distinto y cada zona de la piel responde de forma diferente, lo que abre un abanico de posibilidades infinitas.
Y por supuesto, la rueda Wartenberg es una maestra del teasing. Esa mezcla de anticipación y suspense, ese no saber dónde se apoyará la próxima vez ni cuánta presión se aplicará, hace que la excitación se multiplique.
Usar una rueda de Wartenberg es fácil, pero sacarle todo el partido requiere un poco de arte y mucha picardía.
Si aprietas demasiado o la usas en zonas muy sensibles, sí, puede arañar e incluso sangrar un poquito. Pero si la usas bien, no debería pasar. La clave está en controlar la presión, conocer el juguete y, sobre todo, respetar los límites.
Depende de cómo la uses. Con poca presión sentirás cosquillas que ponen la piel de gallina, mientras que con más fuerza puede convertirse en un pinchazo más excitante, pero no dolor. Tú decides si quieres que sea un juego de caricias o de intensidad.
Empieza siempre suave, en brazos, piernas o espalda, y observa la reacción. Si la persona sonríe o se estremece, vas por buen camino. Evita zonas demasiado delicadas hasta que tengas más práctica. La regla de oro es comunicación, consentimiento y mucha curiosidad para ir explorando juntos.